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FREDY VILLAMIL

SOMBRA QUE IRRADIA LUZ

SOMBRA QUE IRRADIA LUZ

 

La cantidad de obras producidas, los premios recibidos o el beneficio de la crítica, no pueden evidenciar la total dimensión del arte. Su verdadera trascendencia está en el movimiento que se genera más allá de la propia obra y el propio creador.  Tampoco se trata de la “anécdota” o el mundo interior que nos revele una creación; sino de la huella, la enseñanza y la energía que el artista ha dejado sobre el mundo. Del camino abierto a puro esfuerzo por el que transitarán otros muchos. 
Este es el primer secreto que nos devela Identidad, motivos y razones,  exposición del joven ariguanabense Fredy Villamil, que se exhibe a partir del 15 de mayo en la Galería de Arte Malecón (Calle D, entre 1° y 3°, en El Vedado).
Aunque el impulso inicial de la muestra pareciera ser la muerte, todas sus obras son un canto a la vida. El dolor creciente ante una larga enfermedad, la conmoción familiar por la pérdida de un ser querido, la ausencia irreparable y la búsqueda de la regeneración y el optimismo, nos remontan a la experiencia del autor. Hacia el año 2005 fallece su padre y maestro, Francisco Villamil, pintor, caricaturista y profesor de arte, de quien heredó, más que las herramientas y el oficio, la energía y el modo peculiar de expresar el mundo: es decir, el movimiento transformador que nos prolonga en la vida.
   
Porque esta exposición y la labor de Fredy son parte de un ejemplo multiplicado en más de un centenar de discípulos aficionados o profesionales, de un magisterio consagrado en la práctica, de un esfuerzo constante por promover el talento y fomentar la unidad, e incluso hasta insuflar un poco de su propio estilo en todos los demás.
Identidad, motivos y razones nos sumerge en sucesivas metáforas sobre el tiempo y la condición humana.  Compone atmósferas extraídas del sobrecogimiento,  la inquietud o el drama turbulento de la desesperación. Su obra induce a la solidez del dibujo, la soltura en la expresión y la sobriedad de colores. Basta con esto para expresar los más diversos sentimientos humanos.
En sus formas se intuyen los gritos y desgarramientos de Munch, Paul Klee o Ernest Barlach, iniciadores del expresionismo, pero con un auténtico sello personal que sólo toma la apariencia externa de las cosas, para distorsionarlas o intensificarlas  y mostrar la espiritualidad y las experiencias emotivas que nos reportan.
En su empeño por despertar emociones y remitirnos a los recuerdos, Fredy Villamil apela sistemáticamente a un universo de símbolos de la infancia, el hogar y su pueblo. En la composición, el cromatismo y los fuertes contrastes de luz y sombra alcanzan reacción y sentido las emociones y memoria afectiva de cada espectador. Más que una historia para contarnos, su obra es el vertiginoso devenir del tiempo y la vida humana.
Su obra no ha sido empeño de un día: se ha formado con una generación y sintetiza un amplio proceso de aprendizaje y creación como un perpetuo móvil.
Identidad, motivos y razones,  es por tanto, una declaración de principios: compartir y multiplicar la sabiduría merece devoción y agradecimiento, especialmente, si nuestras obras sobreviven al tiempo, la muerte y el dolor, y nos colman de esa sustancia de luz que irradia la vida.
                                                                        
                                                                                                                                                                                                                       Omar Felipe Mauri Sierra

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